sábado, 2 de mayo de 2009

SOLARIS (STANISLAV LEM)

"Evitamos decirlo, por pudor, pero en algunos momentos pensamos muy bien de nosotros mismos. Y sin embargo, bien mirado, nuestro fervor es puro camelo No queremos conquistar el cosmos, sólo queremos extender la Tierra hasta los lindes del cosmos. Para nosotros, tal planeta es árido como el Sáhara, tal otro glacial como el Polo Norte, un tercero lujurioso como la Amazonia. Somos humanitarios y caballerescos, no queremos someter a otras razas, queremos simplemente transmitirles nuestros valores y apoderarnos en cambio de un patrimonio ajeno. Nos consideramos los caballeros del Santo-Contacto. Es otra mentira. No tenemos necesidad de otros mundos. Lo que necesitamos son espejos. No sabemos qué hacer con otros mundos. Un solo mundo, nuestro mundo, nos basta, pero no nos gusta cómo es. Buscamos una imagen ideal de nuestro propio mundo; partimos en busca de un planeta, de una civilización superior a la nuestra, pero desarrollada de acuerdo con un prototipo: nuestro pasado primitivo. Por otra parte, hay en nosotros algo que rechazamos; nos defendemos contra eso, y sin embargo, subsiste, pues no dejamos la Tierra en un estado de prístina inocencia, no es sólo una estatua del Hombre-Héroe la que parte en vuelo. Nos posamos aquí tal como somos en realidad, y cuando la página se vuelve y nos revela otra realidad, esa parte que preferimos pasar en silencio, ya no estamos de acuerdo."

Solaris

Stanislav Lem

Que "el hombre es la medida de todas las cosas" lo dijo ya Protágoras de Abdera en el siglo V a. C., primera formulación explícita del relativismo moral. Pero más importante aún es, creo yo, el hecho de que con esta afirmación y por primera vez en Occidente se considere al hombre -y no al aparato divino o a una Naturaleza deificada- no sólo el centro de todas las miradas sino también el responsable de las mismas. El hombre contempla y es contemplado a la vez, con las consecuencias que ello acarrea para el Conocimiento. Ya saben, aquello de la pescadilla que se muerde la cola o lo de que no se puede ser a un tiempo juez y parte. Nos servimos, por ejemplo, de la lengua y las matemáticas para describir y ordenar realidades externas a nosotros pero ¿en qué medida pueden dar cuenta de realidades no humanas constructos como aquellos, artificiosos, abstractos, convencionales y, por tanto, exclusivamente nuestros? La del homo mensura es a un tiempo una realidad inevitable y una arrogante falacia. Como hombres proyectamos sobre todas las realidades, conocidas o no, humanas o no, las categorías que sabemos o creemos válidas, sin ser conscientes de que, al hacerlo, incurrimos en un pecado capital: la soberbia; o hybris, que dirían los trágicos griegos.

Pues bien, Solaris de Stanislav Lem es una escalofriante y a un tiempo hermosa fábula sobre la ya mentada falacia del antropocentrismo, la imposibilidad del Conocimiento y, en última instancia, el poder redentor del amor y la esperanza. Es posible, sin embargo, que de nuevo haya comenzado por el final. El principio es la aventura estelar de Kris Kelvin, psicólogo, llamado a la estación espacial Prometheus. Por cierto que no creo casual este nombre, pues, según relata Hesíodo, Prometeo fue el titán amigo de los hombres que engañó a los dioses no una, sino dos veces. Si eso no es hybris, que baje Zeus y lo vea. Dicha estación se halla sobre Solaris, un enigmático e inquietante planeta, a años luz de la Tierra, cuyos designios parecen regidos por un Océano inteligente que ha dado lugar a infinita literatura científica -creada y recreada por Lem con absoluta maestría-. Papel mojado, no más, según se nos revela, pues las incontables horas que Kelvin pasa en la biblioteca de la estación revisando la bibliografía esencial de la ciencia solariana no hacen sino confirmar que, pese a todos los desvelos, esfuerzos y sacrificios, muchas veces fatales, el hombre sigue sin saber nada de la naturaleza, origen o intención -si es que la hay, pues "donde no hay hombres, no hay motivos humanos"- del único habitante del planeta. Este último, el Océano, ha reaccionado a ciertos experimentos encarnando para los responsables de los mismos, Gibarian, Snaut y Sartorius, y después para el propio Kelvin, fantasmas de su inconsciente -su "de ellos", digo-, dando vida a "quistes psíquicos" de su memoria:

"Algo, un fantasma, pudo haber surgido en él alguna vez, hace diez o treinta años, algo que él rechazó y ha olvidado; algo que no temía, pues sabía que nunca permitiría que cobrara fuerzas, que se manifestara de algún modo. Imagínate ahora que de pronto, en pleno día, vuelve a encontrar ese pensamiento encarnado, clavado en él, indestructible. Se pregunta dónde está... ¿y tú sabes dónde está?

-¿Dónde?

-Aquí -susurró Snaut-, en Solaris."

Otro magistral torpedo disparado por Lem a nuestra línea de flotación. El horror, el verdadero horror -que diría el Kurtz de Conrad- se halla en nosotros mismos si desaparecen las fronteras entre acción y pensamiento, certeza y posibilidad, realidad y fantasía, como lo hacen en Solaris.

Pero pese a la seguridad de la irremediable ignorancia, al "sólo sé que no sé nada" socrático -ya que de filósofos griegos parece ir hoy la cosa-, a lo absurdo del sufrimiento provocado por ese Océano pueril, dios imperfecto que simplemente es y actúa sin un fin concreto, al terror al propio 'yo'... pese a todo ello, hay aún lugar para la Esperanza, esa a la que para bien o para mal -las opiniones son de lo más variado- liberó Epimeteo, hermano de Prometeo, de la jarra de Pandora.

No se la pierdan.

Y a Vd., caballero, gracias de nuevo.

6 comentarios:

milo j. krmpotic' dijo...

me sumo a tu aplauso, si me lo permites... leí mucho a lem pero muy de golpe y hace bastantes años, en una colección de bolsillo de bruguera y algunos volúmenes en tapa dura de minotauro. hay detalles que se me mezclan y aspectos que me bailan, pero lo que prevalece es la sensación -disculpa la obviedad- de haber estado ante mucho, mucho más que unas novelas de "simple" ciencia ficción. hay una humanidad inmensa en su obra (como en la trayectoria diría que paralela de vonnegut) pero, ante todo, un acercamiento humanista que tu filosófica introducción ilustra bastante bien. un día de estos releeré SOLARIS. quiero ver qué redescubro y qué deduzco por vez primera ahora que soy el que soy y no tanto el que era en el acercamiento inicial. un saludo :)

CEci dijo...

Yo, en cambio, lo acabo de descubrir. Apenas he leído Ciencia Ficción, al margen de John Crowley, un poco de Ballard y algo del genial Kurt Vonnegut; con los tres, como con este magnífico Lem, he disfrutado muchísimo. Y sí, Vonnegut era todo un humanista, desencantado, pero un humanista al fin y al cabo.
Por cierto, aprovecho para recomendar la lectura de su "Un hombre sin patria". También se puede disfrutar de sus perlas en esta dirección:
http://www.vonnegut.com/confetti.asp
Gracias por la visita y un saludo, Milo. Encantada de verte por aquí.

Rubentxo dijo...

Tengo la Ciencia Ficción muy poco explorada; únicamente he leído lo más típico: Ray Bradbury, Arthur C. Clarke, algo del Michael Crichton ése y poco más...
Solaris me la han recomendado mil veces. De momento sólo he visto la peli de Tarkovski (ni siquiera me he atrevido con el remake americano). Supongo que la peli y la novela no tendrán mucho que ver...
Me la apunto.
A ver si la leo pronto.
Besos

CEci dijo...

Rubentxo! ¿Qué tal todo? Con la ciencia ficción yo acabo de empezar, como quien dice. Visto lo visto, con Lem repetiré seguro.
No he visto ninguna de las dos películas de "Solaris" pero las críticas no son muy buenas.
¡Un abrazo!

condonumbilical dijo...

Hay partes de ese libro que sobran porque cortan el ritmo malamente, y lo sabes :)

En general no está mal.

CEci dijo...

Pues no lo sé, no. :) No estoy de acuerdo. Solaris no es sólo su peripecia, ni mucho menos. Disfruté de cada capítulo, sobre todo, de los dos sobre la ciencia solariana y su bibliografía en los que la acción parece -sólo parece-interrumpirse. Es genial.
Un saludo.