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viernes, 29 de noviembre de 2013

EL REY DE LOS TEJONES (PHILIP HENSHER)



Hace ya unos cuantos años que los amigos de Libros del Asteroide se dedican a darnos a conocer en cuidadísimas ediciones a joyas de las letras como Wallace Stegner o Robertson Davies, a cuya recopilación de Cuentos de fantasmas, por cierto, no puedo esperar para hincar el diente. Se añade ahora a la nómina el británico Philip Hensher, al que hasta El rey de los tejones conocía tan solo por un magnífico artículo de The Guardian, del que procede la estupenda cita que pueden leer a la derecha bajo el lema de "Se dice por ahí..."

Es esta una novela de personajes, en la que la desaparición de China, una niña de 8 años, le da una excusa al autor para trazar un agudo, preciso, irónico y lúcido retrato del aparentemente apacible, ético y estético pueblecito de Hanmouth. Solo en apariencia, claro está, pues la pandilla de biempensantes viudas, reputados profesores, fanáticos de la patrulla vecinal, bohemios artistas y dueños homosexuales de tiendas de delicatessen, no son lo que aparentan. No es un punto de partida novedoso, cierto es, y el planteamiento inicial es sorprendentemente similar al de la fallida Una vacante imprevista de J. K. Rowling, pero donde esta se hundía en el fárrago del tópico, la superficialidad y un esquema demasiado evidente, El rey de los tejones de Hensher sorprende y vuela alto; muy alto, de hecho. Lo consigue merced a sus agilísimos diálogos y a una caracterización brillante, así como a un gran talento en el manejo del tempo narrativo y de la comicidad. Y es que esta novela con título de cuento para niños puede contener, en efecto, secuestros y abusos y tratar males de la vida moderna como la falta de privacidad o la soledad pero resulta también condenadamente divertida. 

Aquí les dejo por hoy, amigos míos, no sin antes recomendarles como acostumbro que, por supuesto, lean, lean a Philip Hensher.


sábado, 22 de noviembre de 2008

INTERREGNO (II)

He estado últimamente bastante atareada cumpliendo con los compromisos contraídos con los buenos amigos de Shangri-La, por lo que he descuidado un tanto este lugar. Acabo de iniciar además la lectura de la inmensa Lincoln del Sr. Vidal -y me refiero a Gore Vidal, por supuesto; no vaya a haber confusiones-, así que es probable que aún tarde un tiempo en volver a publicar algo por aquí.

Entretanto y para que no nos olviden, les dejo con una magnífica cita extraída de la agradable Adiós, hasta mañana de William Maxwell (Libros del Asteroide), que ilustra a la perfección lo que en las últimas semanas hemos defendido por aquí acerca de la tara fundamental del género autobiográfico:

“Lo que solemos (o al menos yo) calificar tranquilamente de recuerdo -en referencia a un momento, escena o hecho sometido a un proceso de fijación que lo rescata del olvido- resulta ser una forma de narración que sucede continuamente en nuestra cabeza y que cambia frecuentemente al divulgarse. Nuestros sentimientos encontrados son tantos que la vida nunca nos resulta del todo aceptable, y tal vez corresponde al narrador reordenar las cosas de modo que se ajusten a tal fin. Lo cierto es que, al hablar del pasado, mentimos a cada paso.”

Adiós, hasta mañana, William Maxwell

Aprovechando, por último, que el Pisuerga pasa por Valladolid, no quiero terminar sin felicitar a las editoriales que integran el grupo Contexto (Libros del Asteroide, Barataria, Global Rythm, Impedimenta, Nórdica, Periférica y Sexto Piso), en tanto que flamantes y muy dignas ganadoras del Premio Nacional a la Mejor Labor Editorial Cultural otorgado por el Ministerio de Cultura.

Enhorabuena.