viernes, 16 de abril de 2010

THE SIRENS OF TITAN (KURT VONNEGUT)

“The name of the new religion, said Rumford, is The Church of God the Utterly Indifferent [...] These words will be written on that flag in gold letters on a blue field. Take care of the People, and God Almighty Will Take Care of Himself. The two chief teachings of this religions are these, said Rumfoord: Puny man can do nothing at all to help or please God Almighty, and luck is not the hand of God.”

The Sirens of Titan

Kurt Vonnegut


Hay algo catártico en las novelas de Kurt Vonnegut, cuyas tramas parecen alentadas por un cierto fatalismo y determinismo, eso sí, sui generis. Y digo sui generis porque donde en el fatalismo al uso son Dios, la Providencia, los Dioses, la Parca, el Destino, o como Vds. quieran llamarlo, los responsables y el Fin último de toda acción humana, ese escritor gamberro, díscolo y genial que fue Vonnegut es capaz de convertir la historia de la Civilización en una broma interestelar de los trafamaldorianos. El villano, por megalómano, de Las Sirenas de Titán, Winston Niles Rumfoord, juega a unir a todos los terrícolas en una nueva religión con un único mandamiento: Dios no existe. Y en el proceso ejerce paradójicamente de dios-titiritero que mueve los hilos de un grupo de personajes que, como Edipo al huir de su Destino, se precipitan a cumplirlo; aunque las cosas, por supuesto, no son lo que parecen o pudieran parecer en un primer o segundo nivel, como bien se demuestra en el un tanto apresurado pero perfecto y redondo, nunca mejor dicho, final.

Sin embargo, una cierra esta novela con una sonrisa y convencida de que, al final, todo ha salido y saldrá bien. Quizá se deba esto a que, como es habitual en Vonnegut, el narrador cuenta en retrospectiva, situado a eones de distancia en un tiempo y lugar en que la Humanidad se halla en paz consigo misma, aunque sea una paz vacua y estéril. Quizá a que los viajes interestelares y el papel que sus un tanto zafios personajes -y me refiero aquí a la historia, no a la caracterización del autor- desempeñan en nuestra Historia ayudan a poner en perspectiva las preocupaciones que, aunque minúsculas, consiguen abrumarnos en nuestra vida cotidiana. O quizá sea que leyendo a Vonnegut una se reconcilia con su especie y aprende a querer al Hombre como se quiere, pese a todo, a la oveja negra de la familia; y aprende también que la vida, sin conflicto y sin compañía, no es digna de ser vivida.

Así que Vds. lean. Lean y no se pierdan otra genial novela del que quizá fue el único hoosier que no necesitó del baloncesto para hacerse digno de ser recordado.



4 comentarios:

madison dijo...

Me has convencido. Hace tiempo que no leo nada de Vonnegut, ahora estoy con V de Pynchon, a ver si lo termino.

CEci dijo...

Me alegro. Vonnegut es siempre una excelente idea.
¡Saludos!

DonTrasto dijo...

he topado, de casualidad (como suele suceder en estos paseos cibernéticos), con este blog. Y en concreto, con este comentario de mi también admirado Mr K. Vonnegut.

En realidad, andaba buscando comentarios sobre "En lugar Seguro", de Wallace Stegner.

saludos

DT (con permiso para incluir este blog en el suyo).

CEci dijo...

Bienvenido y permiso concedido, DonTrasto. ¡Faltaría más! Y en cuanto a "En lugar seguro", si no lo ha hecho ya... ¡léalo! Es de lo mejor que he leído en los últimos años.
Otros tantos saludos de vuelta para Vd.