lunes, 20 de julio de 2015

LOS VIERNES EN ENRICO’S (DON CARPENTER)



Mencionaba ayer, a propósito del ensayo de Ariño, que la narrativa estadounidense está plagada de héroes individualistas, quijotes esforzados en busca del sueño americano, ya se identifique este con la caza de una ballena, los laureles deportivos o, por supuesto, la gloria literaria. Precisamente es esta última, la gloria literaria, la máxima aspiración de los personajes que pueblan las páginas de la magnífica Los viernes en Enrico’s de Don Carpenter, editada por Jonathan Lethem. Se ubica esta en San Francisco, Portland y Los Ángeles durante los ’50 y ’60, cuando la generación beat marcaba el ritmo.
Sus protagonistas son Charlie Monel y Jaime Froward, él excombatiente de Corea y aspirante a escritor de una novela-monstruo que, con permiso de la Trampa 22 de Joseph Heller, ha de convertirse en la novela bélica definitiva, ella hija única de una familia burguesa venida a menos que muestra, desde el principio, un mayor talento y, sobre todo, disciplina, que el prometedor Charlie. Y en torno a ellos, como satélites, bien en San Francisco, bien en Portland, el frustrado Dick Dubonet, autor de relatos, o, más bien, de un relato, publicado por el Playboy; Stan Winger, expresidiario reconvertido a autor de éxito de novela pulp; la inalcanzable Linda y un puñado de personajes cuya historia va desgranando la dupla Carpenter-Lethem con efectivos cambios del punto de vista, ágiles diálogos y un brillante uso de la elipsis que quizá debamos atribuir a Lethem, a tenor de lo leído en su emotivo epílogo. Es cierto que de torturados aspirantes a escritor está la ficción llena, pero Los viernes en Enrico’s tiene el nervio y la fuerza de la mejor tradición estadounidense, así que ustedes, ya saben, lean, lean.


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