domingo, 18 de enero de 2009

EL SITIO DE KRISHNAPUR (J. G. FARRELL)

“Me acuerdo que una tarde en que hacía demasiado calor para trabajar en serio, uno de nuestros jefes, el Dr. Klee, nos dijo que había una lengua hablada en la India muy semejante al griego y al latín, al germánico y al ruso. Creímos que era una broma, justificada por el calor, pero cuando vimos cómo se alineaban sobre el encerado negro las formas paralelas de nombres de número, de pronombres y verbos sánscritos, griegos y latinos, nos sentimos en presencia de hechos ante los que nos debíamos inclinar. Todas nuestras ideas sobre Adán, Eva y el Paraíso, sobre la torre de Babel, sobre Sem, Cam y Jafet bailaban en torno a nosotros un baile alocado, en el que participaban Homero, Virgilio y el viejo Eneas. Nuestra tarea fue recoger los fragmentos, construir un nuevo mundo, rehacer sobre nuevas bases la historia de la Humanidad.”

M. Müller, apud J. Mansion, Esquisse d’une Histoire de la Langue Sanscrite, Paris, 1931
Hace ya unos cuantos meses que leí el Esbozo de una historia de la lengua sánscrita de Joseph Mansion (1931) más arriba citado para preparar una de las asignaturas que imparto de manera eventual, el Indio Antiguo. Por cierto que no sé cuánto tiempo más se enseñará esta asignatura en la Universidad de Oviedo -y esto, me temo, vale también para el latín y el griego- vistos los planes del Principado de Asturias y, lo que es peor, de la propia Universidad y su Vicerrectorado de Nuevas Titulaciones para los estudios que no suman más de 25 alumnos por curso -una vez más, ¡“benditos” sean el EEES y el Plan de Bolonia!-. Destaca del interesantísimo tratado de Mansion el tono colonialista que desprenden muchas de sus páginas, plagadas de anécdotas de porteadores indios y expedicionarios ingleses y de colonos que alivian los rigores de la estación seca aventurando innovadoras -y acertadas- teorías sobre el parentesco entre las lenguas clásicas y el sánscrito.

Es en ese mismo ambiente de romántico y elegante, a la par que déspota, voraz y condescendiente colonialismo inglés en el que se ambienta El sitio de Krishnapur de J. G. Farrell (1973), señalada por la crítica como una de las cinco mejores novelas galardonadas con el Booker. Más en concreto, El sitio de Krishnapur se desarrolla en 1856 durante la rebelión de los así llamados cipayos, soldados indígenas del ejército británico. Dicha rebelión estuvo motivada por los reiterados abusos de los británicos para con sus tradiciones religiosas y de casta, las labores de conversión de los misioneros cristianos y la obligación de participar en guerras ajenas a la India. El detonante final, sin embargo, fue la distribución por parte de la Compañía de las Indias Orientales de los nuevos fusiles Enfield. La carga de dichos fusiles obligaba a los cipayos a morder cartuchos engrasados, según se rumoreaba, con grasa de cerdo y vaca. Desde nuestro punto de vista podría parecer una reacción exagerada pero el hinduísmo reposa en la integración en lo religioso de todos los actos de la vida. El contacto de un europeo con una bolsa de arroz, por ejemplo, obligaba al porteador a deshacerse de dicho fardo, ya impuro.


He hablado hasta ahora de cipayos e hindúes, aunque los protagonistas absolutos de la novela de Farrell son los ingleses, que se ven obligados a refugiarse en la Residencia de Krishnapur ante el asedio cipayo. Y entre los ingleses, dos figuras son caracterizadas con especial maestría por Farrell: Mr. Hopkins, el Recaudador, entusiasta del progreso científico y la civilización, y Fleury, joven poeta, romántico y decadente. Ellos son los verdaderos protagonistas de una novela coral donde brillan con luz propia numerosos secundarios como el Padre, empeñado en entender las penalidades del asedio como un castigo divino y, en consecuencia, como prueba de la existencia de Dios; el Dr. Dunstaple, que ha iniciado una campaña contra los novedosos -y hoy sabemos que acertados- métodos del Dr. McNab; sus hijos Harry, oficial aventurero y Louis, bella y recatada; Lucy, que una vez perdida su honra busca un motivo para seguir viviendo; el Magistrado, ateo, cínico y entusiasta de la Frenología y del poder absoluto de la Razón; Hari, el hijo del maharajá, convencido de la superioridad inglesa y algunos más.

Los cipayos, en cambio, no son más que una masa informe -por lo indefinido; no me malinterpreten- y amenazante situada a las puertas de Krishnapur y la excusa narrativa de la que Farrell se sirve para llevar a extremos inconcebibles y un punto de no retorno -o casi- a ese grupo de frívolos, condescendientes, hipócritas y vanidosos, a los que, con todo, no deja de tratar con cariño.

Decía más arriba que El sitio de Krishnapur de Farrell ha sido considerada como uno de los mejores Booker de todos los tiempos y no es de extrañar, no sólo por su innegable calidad, sino porque si algo se puede decir de ella es que, se mire por donde se mire, es a todas luces inglesa. Que ¿cuáles son las cualidades que definen lo que podría llamarse “el estilo inglés”? La elegancia, la fina ironía, el ingenio... y un punto de distancia y frialdad.

6 comentarios:

Vida Chuffla dijo...

"La elegancia, la fina ironía, el ingenio... y un punto de distancia y frialdad"... Describes a la perfección la sensación que da el inglés que yo ando ya terminando a mi vez: Wyndham Lewis y sus "Estallidos y Bombardeos". Debe ser marca de la casa.

En cuanto a la universidad española/europea, el Plan Bolonia y las lenguas -ahora definitivamente sí- del todo muertas... qué decir salvo aquello de Bruce Willis en los 12 monos: "Os lo estáis buscando..."


Orwell cada día más cerca.



Saludo.

CEci dijo...

Pues sí, Javier, esas características son la marca de la casa inglesa, según lo veo yo. Me gusta mucho la narrativa inglesa pero con mucha frecuencia me da la impresión de que a novelas muy acabadas desde el punto de vista técnico les falta algo de vida o de chispa.

Y sí, cada vez hay menos margen para la Humanidad, que diría el Morel de Gary. Si incluso se destierra de los campus de Humanidades...

Saludos

Pi Pattel dijo...

Hola CEci,
Leí el Sitio de Krishnapur hace un par de años. No sé si la incluiría entre los mejores 5 ganadores del Booker, pero no tengo ninguna duda de que se trata de una obra maestra. Para todos aquellos que disfrutan con la literatura anglosajona, este es un libro imprescindible. Sus personajes no pueden ser más ingleses. Disfruté de estar sitiado en Krishnapur en condiciones extremas. Una novela de aventuras escrita como una obra maestra. Farrell escribió dos obras más: Troubles y The Singapore Grip. Las tres son conocidas como La Trilogía del Imperio.

Angéline dijo...

Hola CEci, acabo de enterarme de que hoy se ha muerto John Updike. Qué tristeza más grande, casi me pongo a llorar y todo. Por un momento he visto a Conejo corriendo al lado de Herzog y por asociación he venido a contártelo. En fin. Ya con Bellow fue una tristeza, ahora Updike, los dioses me cuiden a Philip Roth. Un abrazo

CEci dijo...

Hola, Pi Pattel, ¡qué bien verte por aquí! Yo no calificaría "El sitio de Krishnapur" de obra maestra, aunque me parece una gran novela y, sí, coincidimos, inglesa la mires por donde la mires. Puede que más adelante repita con Farrell.
Un abrazo

CEci dijo...

William Styron, Kurt Vonnegut, ahora Updike... Se van marchando todos. Updike era un tipo de gran lucidez y es una gran pérdida. No sabía nada, Angéline. ¡Qué pena!

Según he leído tu comentario he ido corriendo al New Yorker y he encontrado este especial:
http://www.newyorker.com/
Por cierto, ahora mismo estoy con "Lecturas de mí mismo" de Roth del que pronto tendremos nueva novela. Que sea por muchos años.
Besos