viernes, 11 de julio de 2014

NOBLES Y REBELDES (JESSICA MITFORD)



"Cuando el papel higiénico se hace más grueso y el papel de cartas más fino, es que las cosas van a peor. Al menos en nuestra casa, claro."
Amor en clima frío
Nancy Mitford

Que la de los Mitford era una familia singular lo sabíamos ya desde hace algún tiempo, desde que hace casi una década Libros del Asteroide publicó en español la traducción de la exquisita y desternillante A la caza del amor de Nancy Mitford, inspirada, según se nos dijo, en su propia familia. Siguieron después Amor en clima frío, La bendición, No se lo digas a Alfred y Trifulca a la vista, en las que la autora retrataba con mordacidad y cierta nostalgia un mundo extinto y a una clase social, la propia, que no servía para nada. Significativo a este último respecto, por cierto, es el pasaje de esta Nobles y Rebeldes de Jessica Mitford en el que se nos cuenta cómo a su llegada a EEUU, un oficial de aduanas tachó “par del reino” del espacio para “profesión” del formulario que un encopetado lord inglés rellenaba ante su mirada -la de Jessica-.
La singularidad de los Mitford no radica tan solo en lo pintoresco y escandaloso de sus actuaciones. Por más que una de las hermanas fuera amiga personal de Hitler y se descerrajara un tiro en la cabeza cuando Inglaterra le declaró -por fin- la guerra a Alemania, por más que otra se casara con Mosley, líder de los fascistas británicos, con Göbbels como padrino, y por más que Jessica huyera a la desesperada con Esmond Romilly, sobrino comunista de Churchill, para unirse a las Brigadas Internacionales, lo verdaderamente notable, creo, es que una sola familia pudiera abrigar dos autoras del talento de Nancy y Jessica Mitford.
Por aquí siempre hemos sido entusiastas de la ironía frívola de aquella, ya lo saben, pero Nobles y rebeldes, las memorias noveladas de Jessica Mitford, tienen nervio y alma, además de ser condenadamente divertidas y de mostrar una prosa impecable, al menos en la traducción de Patricia Antón. En ellas relata “Decca” su infancia y “educación”, por decirlo así, en el seno familiar, y, sobre todo, su romántica y desesperada huida en compañía de Esmond, el que sería, aunque brevemente, el amor de su vida. La coyuntura histórica -el ascenso de los fascismos y los prolegómenos de la II Guerra Mundial en una Inglaterra paralizada por la contención sin escrúpulos de Chamberlain- proporcionaba ciertamente un escenario romántico para la pasión de ambos jóvenes pero, al margen de la inevitable idealización, hay emoción sincera. Lean, si no me creen, los dos últimos capítulos, referidos al intento de suicidio de su hermana Gorgo -la nazi- y a la despedida de Esmond y noten cómo se les humedecen los ojos. Lean, por favor, lean Nobles y rebeldes.


miércoles, 9 de julio de 2014

VOX (NICHOLSON BAKER)



“Conocí” a Nicholson Baker hace cuatro años merced a la magnífica El antólogo, que reseñé para los amigos de Qué Leer. Me hice tiempo después en una estupenda librería de Zamora con un ejemplar de Vox, que quedó olvidado entre los títulos pendientes, relegado una y otra vez por parecer tan solo, en principio, una gamberrada lúbrica. Y de repente, en un margen de tres o cuatro días, averiguo que Paul Chowder, el encantador antihéroe de El antólogo, está de vuelta en Traveling Sprinkler y escucho una sorprendente, por inesperada, referencia al tono picante de su obra -la de Nicholson Baker- en Orange is the new black (OITNB).
Así que, mientras me hago con la secuela protagonizada por aquel maravilloso antihéroe e intento superar el síndrome de abstinencia provocado por el final de la segunda temporada de OITNB, leo compulsivamente Vox y descubro que sí, es una novela erótica con pasajes realmente lúbricos, pero también sofisticada, divertida, tierna e inteligente y que la referencia en OITNB no es tan sorprendente, pese a todo. No lo es porque, a tenor de lo visto y leído, tanto Nicholson Baker como Jenji Kohan, creadora de la serie, pertenecen a eso que podríamos llamar el club de los optimistas y filántropos. Olvídense de Zapatero y su, al parecer, incorregible optimismo antropológico y céntrense en un guionista como Aaron Sorkin, capaz de pergeñar para la pequeña pantalla políticos carismáticos, inteligentes, honrados y divertidos como los de The West Wing o periodistas osados y coherentes como los de The Newsroom y empezarán a hacerse una idea de a qué me refiero. Y es que la prisión de Litchfield de OITNB a la que va a parar Piper Chapman puede estar dirigida por corruptos y homófobos, sus cañerías podrán expulsar aguas fecales y las gachas del comedor saber a moco, pero entre sus internas hay, además de muestras variadas de sociopatía, brutalidad e ignorancia, otras tantas de carisma, lealtad, amistad, diversión e inteligencia. Y así, las referencias a la cultura popular -y no tan popular- campan a sus anchas sin resultar pedantes ni llamar demasiado la atención. Además de la ya citada referencia a Nicholson Baker, se menta a Christopher Hitchens para rechazar una propuesta de baptismo, se alude a los cuentos de O’Henry en una conversación de gran relevancia, se critica veladamente la Perdida de Gillian Flynn o se responde a la injusta amonestación de un guardián con una referencia a Minority Report.
Pues bien, el mismo optimismo trasluce Vox de Baker. Pocos contextos puedo imaginar más apropiados para la sordidez que una lína erótica y, sin embargo, pese a la crudeza de ciertas fantasías y encuentros sexuales descritos por Jim y Abby, pese al porno duro, las revistas de desnudos y las odas a la masturbación, hay también lugar en Vox para la sutilidad, la elegancia y hasta ciertos pasajes líricos y emotivos. Así que lean, lean a Nicholson Baker y reconcíliense con el mundo.


lunes, 7 de julio de 2014

EL UNICORNIO (IRIS MURDOCH)



En la encrucijada entre novela gótica, relato fantástico, parábola filosófica y cavernaria fábula platónica, se sitúa la desasosegante El unicornio de Iris Murdoch. Ambientada en un caserón aislado en la nada de un violento paisaje irlandés -aquí los acantilados de Moher, allí una ciénaga que más bien parece la laguna Estigia-, se relatan en ella las idas y venidas sentimentales, espirituales y metafísicas de un grupo más bien enfermizo, de elementos tan volubles como violentos y vampíricos reunidos en torno a Hannah, que, como la princesa maldita de los cuentos, lleva encerrada en su castillo nada menos que siete años cuando hasta allí llega la inocente Marian para ejercer -eso cree ella, al menos- de institutriz. 

Sí, hay en esta historia una princesa -dipsómana y consagrada a una enfermiza inercia vital-, malvados, duendes, sabios, doncellas y hasta un caballero andante con no una, sino tres damiselas a las que socorrer. No deben ustedes, sin embargo, llevarse a engaño. Aunque a veces cueste recordarlo, esta historia se sitúa en pleno siglo XX, como atestiguan las ocasionales y sorprendentes referencias a automóviles, trenes y hasta un aeropuerto. Sorprendentes, sí, porque la peripecia, la irrespirable atmósfera y la violencia del paisaje más bien nos invitan a remontarnos al Romanticismo de un Walter Scott, de las Brönte o de un cuento popular. Todo es, eso sí, mucho más denso, opresor y, por qué no, cargante, de lo que en tales tramas se suele encontrar, hasta el punto, de hecho, que una casi celebra el final digno de tragedia griega precipitado por la ineptitud de los que, en otras circunstancias, habrían sido los héroes de esta historia.


martes, 1 de julio de 2014

UN VETERINARIO EN APUROS (JAMES HERRIOT)



Desconfío de los símiles. Si no se manejan con precaución y cautela, se convierten en una excusa para alardear del supuesto genio literario, como le sucediera a Franzen en Libertad, o conducen, por acumulación, al mayor de los absurdos, como ocurría en Las vidas privadas de Pippa Lee, de Rebecca Miller. Sin embargo, esta figura estilística, que podríamos considerar el primo humilde de los tropos, es tan antigua como las dos obras fundacionales de la Literatura Occidental, la Ilíada y la Odisea, donde cumplía la función de acercar al oyente -luego lector- lo exótico y desconocido. Me explico. Poca o ninguna experiencia podía tener un pastor de ovejas de Laconia en las reacciones de un esforzado guerrero; mucho sabía, en cambio, muy a su pesar, de las de los lobos. Y bien lo sabían los aedos, que, con la intención de no abrumar a su auditorio con lo exótico de sus referencias, trufaban sus poemas de símiles del estilo de: “como el lobo al acechar a su presa, así el héroe...”

Un veterinario en apuros de James Herriot vive del símil, al menos en su andamiaje interno, aunque lo único que comparte con la épica homérica es el carácter popular. Cada uno de sus episodios se inicia con una brevísima anécdota, impresión o reflexión inspirada por el adiestramiento del narrador-autor como piloto de la RAF, que muy pronto se vuelve detonante de un relato de su vida previa como veterinario rural. Sin embargo, si en un auténtico símil la labor de B es, como decía, acercar o identificar A para el lector, aquí A es una mera excusa para introducir B, como cuando nuestros entrañables abuelos aprovechan cualquier deriva que tome la conversación para introducir con calzador una batallita de su dorada y añorada juventud. Y, en efecto, los paralelimos están, las más de las veces, forzados. Con todo, ello no le resta ni un ápice de encanto y amabilidad a esta colección de episodios que reflejan, mejor que bien, lo que debía ser el duro, durísimo trabajo de un veterinario rural en la década de los ’30 del pasado siglo en la solo a veces bucólica campiña inglesa. Hay lugar aquí para lo pintoresco de tipos y situaciones -como la aparente epidemia de embarazos psicológicos- pero también para la enfermedad, la depresión y la muerte, aunque nunca de un modo demasiado crudo. La nostalgia y el humor se encargan de endulzar, sin pasarse, los tragos más duros de un relato sincero que bien se puede leer al raso y sobre la hierba, cuando la galerna cantábrica lo permita.



lunes, 23 de junio de 2014

LOGICOMIX: UNA BÚSQUEDA ÉPICA DE LA VERDAD (APÓSTOLOS DOXIADIS ET ALII)



El de “épica” es el calificativo que con acierto recibe la “búsqueda” del subtítulo, la que se refiere al intento de Bertrand Russell y otros gigantes de la Lógica de hallar un fundamento racional y validable, esto es, matemático, para el mundo. A mitad de camino de Logicomix el gran viaje de Russell se equipara, de hecho, al de Odiseo, héroe épico por antonomasia. Y no es este el único paralelo con la Literatura Griega que se establece en esta singular historia, que se cierra de manera más que singular, aunque, eso sí, un tanto forzada, con una escena de las Euménides, obra final de la Orestía, trilogía de Esquilo. Nombres como los de Parménides, Aristóteles y Euclides, referencias a las Danaides, Tiestes o Atreo, campan tan a sus anchas en esta obra como los del propio Russell, Whitehead, Wittgenstein, Gödel o Turing, entre otros. Son estos últimos, eso sí, los pioneros y campeones de las Matemáticas y la Lógica del siglo xx, los verdaderos protagonistas de esta búsqueda de certezas entre conceptos tan abstrusos como el de infinitud, teorías de conjuntos, paradojas endemoniadas provocadas por la autorreferencia y desasosegantes teoremas como el de la Incompletitud. Hay también lugar, por suerte, para asuntos más mundanos como la accidentada vida doméstica de Russell, su pacifismo militante o su condena del aislacionismo estadounidense durante el ascenso del Nacionalsocialismo y todo se articula con la biografía del propio Russell, narrada por él mismo, como eficaz hilo conductor.  

Si además todo ello viene brillantemente envuelto en forma de cómic por los ilustradores Alecos Papadatos y Annie Di Donna, entenderán que Logicomix, cuyo principal autor es el Apostolos Doxiadis de la excelente El tío Petros y la Conjetura de Goldbach, me parezca, además de magnífica, toda una heroicidad en estos tiempos que corren; tan grande, de hecho, como la singularidad de la alumna que me la recomendó, a la que solo le hace falta decidirse a trabajar para empezar a brillar como su talento le permitiría.

Mientras tanto, ustedes lean, lean y vean.