domingo, 18 de septiembre de 2011

EL LIBRO DEL CEMENTERIO (NEIL GAIMAN)

“Un tiempo para trabajar, un tiempo para disfrutar,

Y un tiempo para bailar el Macabré”

El libro del cementerio

Neil Gaiman

Dicen los manuales de crítica y teoría literaria que en el mundo son que, si un autor dedica unas palabras de su novela a describir la pistola que uno de los personajes guarda en el cajón de su cómoda, esta, la pistola, debe ser utilizada antes de que aquella, la novela, termine. En la misma línea abundan el principio de pertinencia enunciado por la Pragmática y la economía lingüística, por desgracia tan poco estimada hoy día. Lo que se dice, se dice con el objeto de satisfacer, al menos, alguna de las funciones del lenguaje enunciadas por Jakobson. En caso contrario, mejor es callar.

Neil Gaiman dispara todas sus pistolas antes de que se cierre El libro del cementerio, es cierto, pero lo hace demasiado pronto. Cada vez que se nos describe un auxiliar mágico –que diría Propp, ya que hoy nos hemos levantado teóricos- este se utiliza, como muy tarde, a la página siguiente, de suerte que el lector no consigue librarse del todo de la sensación de que lo llevan de andamio en andamio. Lo que quiero decir es que a las marionetas se les ven demasiado los hilos; que el ventrílocuo mueve demasiado los labios. Y es una pena, porque la historia, por más que haya sido contada ya antes unas cuantas veces –por J. K. Rowling y Patrick Rothfuss, sin ir más lejos; por Kipling en su El Libro de la selva, si hablamos de Literatura con mayúsculas-, entretiene y engancha y, pese a su previsibilidad -¿a alguien ha engañado el torpón y entrañable Señor Frost del último tercio de la novela?- una sigue adelante con la intención, si no de averiguar, sí de confirmar qué suerte le depara el Destino a ese desamparado y homérico huérfano llamado Nadie.



miércoles, 7 de septiembre de 2011

THE TRICK OF IT (MICHAEL FRAYN)


“After all, I’ve spent my entire career explaining to students that the inventedness of fiction is its sigh and glory. But that doesn’t mean it comes out of nowhere, made out of nothing. What inventors invent tells you something about the world they inhabit.”

The trick of it

Michael Frayn

Les anunciaba el otro día que este, The trick of it de Michael Frayn, sería el tema de mi próxima entrada y aquí estoy, como mujer de palabra que soy, pese a que la suspensión temporal de mi ADSL se empeña en contradecir su misma esencia, la de temporal, y persiste en hacerse perpetua.

Es esta, sin duda, una novela singular. Para empezar, por su forma, epistolar. Pero frente a lo que suele ocurrir, a la perspectiva de hitos como Paradero desconocido de Kressmann Taylor, que ya deberían haber leído Vds., o la lírica y encantadora 84, Charing Cross Road de Helene Hanff, esta es unidireccional. No hay respuesta a las un tanto solipsistas cartas que el protagonista y narrador envía desde Inglaterra rumbo a Melbourne. Miento, sí la hay; pero no se nos ofrece salvo soterrada entre las líneas de la siguiente carta de nuestro sufrido héroe, al que le cuesta bastante, por cierto, dejar de mirarse el ombligo. No son las respuestas lo único que se nos oculta. El nombre de la célebre escritora a la que el narrador ha dedicado toda su vida académica y de la que se ha enamorado desesperadamente, así como el de sus obras, aparecen siempre disfrazados bajo su inicial. Y según una va avanzando en esta peculiar historia de equívocos, elipsis y calladas por respuesta, descubre que este peculiar corresponsal no le anda demasiado a la zaga a muchos de los grandes narradores infidentes que en la Historia de la Literatura han sido. Metan Vds. en la coctelera al Herzog de Bellow con la sutileza del Stevens de Ishiguro y la simpatía de un antihéroe de Lodge… et voilà! El resultado es una comedia exquisita que, como todas las de Frayn, desprende también cierta desesperanza y melancolía.

Así que ya saben. Lean, lean.

lunes, 5 de septiembre de 2011

LA HERENCIA (NICHOLAS SHAKESPEARE)

“As a critic –as a reader- one does want to know what a writer’s up to, where he or she is off to next. One looks for consistency and organic growth, not drunken driving.”

The trick of it

Michael Frayn

Les mencionaba a Vds. brevemente el pasado mes de julio, creo recordar que en relación con mi formación ovetense-estructuralista, que La herencia era una novela muy mal construida, justo al contrario que el Stoner de Williams, cuyas virtudes ponderaba. Les emplazaba entonces al número del Qué Leer del ya corriente mes y, como lo prometido es deuda, aquí les dejo la pertinente crítica, encabezada por un muy escolar suspenso de septiembre. Sirva ésta de advertencia.

En cuanto a la ya característica cita de apertura, funciona hoy de más que oportuno argumento de autoridad para ratificar lo más abajo dicho, así como también de avance del tema de mi próxima entrada, que intentaré dejarles por aquí lo antes posible, Movistar mediante.


viernes, 19 de agosto de 2011

SIGNATURA 400 (SOPHIE DIVRY)

“La gente se disculpa demasiado, todo el mundo tiene miedo a ser malo y eso produce literatura para bebés. Para mediocres. No es así como uno crece.”

Signatura 400

Sophie Divry

Si hay un subgénero literario que atrae sí o sí a los “letraheridos”, ese es el de los libros sobre libros. Una ve un pequeño volumen en el que, contraportada mediante, se presente la lectura como refugio frente a la vulgaridad del mundo y se parafrasee el cada vez más manoseado “leemos para saber que no estamos solos” de C. S. Lewis –del Anthony Hopkins de Shadowlands, al menos- y pica, por más que el volumen suela tener un precio inversamente proporcional al número de sus páginas y que se adivine cierto exceso de lirismo. Tal es lo que me ha ocurrido con Signatura 400, si bien hay que reconocerle a la propuesta de Sophie Divry la originalidad de su forma, el monólogo de una bibliotecaria contradictoria y cargante pero capaz de perlas como la que abre esta entrada, además de su brillantísima explicación del sistema de clasificación universal de fondos librarios ideado por Dewey. Esta última, erigida además en incipit de la novela, debería ser de lectura obligada para todos los universitarios noveles que en el mundo son. Mucho más útil les resultaría que esas clases sobre ¡técnicas de estudio! que hoy tanto se estilan en las anodinas Jornadas de Bienvenida a la Universidad.

jueves, 18 de agosto de 2011

MAR DE FUEGO (CHUFO LLORENS)

Les hablaba el otro día de los deberes que, bajo la forma y figura de Silver Pigs de Lindsey Davis, preparaba para mis futuros latinistas y seguro que más de uno de Vds. se ha compadecido de ellos. Que no les den pena, pues también ellos me han puesto deberes a mí. Mis flamantes bachilleres de 1º me regalaron al término de este curso una novela y un precioso marcapáginas, que guardaré como oro en paño como recuerdo de mi primer año en este divertidísimo negocio que ha resultado ser la Enseñanza Secundaria. La novela es Mar de fuego de Chufo Llorens, que prometí leer antes de que comenzara el nuevo curso, pese a sus casi 850 páginas. Hecho está y aquí va la pertinente reseña.

Es esta una lectura que seguramente no habría hecho sponte mea; no ahora, al menos; quizá sí hace quince años, cuando me daba casi con exclusividad a la novela histórica. Pero esa es precisamente la función de los libros que se regalan, ¿no? Y el caso es que me he divertido bastante más de lo que esperaba con esta historia ambientada en la más que turbulenta Barcelona del s. XI que en lo formal adopta técnicas propias de la novela río y del folletín para contarnos las idas y venidas de Martín Barbany, ciudadano notable de Barcelona, su hija Marta, su amigo y viejo confesor Eudald, su criado Ahmed y su enamorada Zahira y una larguísima lista cerrada por su archienemigo Mainar. La historia está bien trabada; demasiado, quizá. Me explico. En no pocas ocasiones los “andamios” quedan a la vista del lector, que adivina, en consecuencia, sin problema, cuál será el siguiente giro de la trama. Se abusa además del cliff-hanger al final de cada capítulo y este es, probablemente, junto con el poco verosímil final, el vicio más enojoso de esta novela. Por lo demás, Mar de fuego, cuyo título alude al célebre “fuego griego” de los bizantinos, se deja leer mejor que bien y es una lectura recomendable para llevar a la playa si consiguen Vds. hacerle sitio en la mochila o si, en el caso de que vivan en el Norte, son Vds. tan osados como para ponerse en bañador.


lunes, 8 de agosto de 2011

THE SILVER PIGS (LINDSEY DAVIS)

“He explained that he did not dislike the informers as such, only the work that they did. I confided that I felt much the same about Emperors.”

The silver pigs

Lindsey davis

Quien desde aquí les escribe se ha divertido tanto este año entre sus bachilleres que, aun en vacaciones, no deja de pensar ilusionada en el próximo curso y ha dedicado estos días a la lectura del que muy probablemente vaya a ser texto obligatorio para los latinistas debutantes de 4º de ESO. Pensé en un primer momento en aprovechar para tal fin las aventuras de Gordiano ‘el Sabueso’ de Steven Saylor, que tanto disfruté de adolescente, ambientadas como estaban en los convulsos años de lo que Ronald Syme denominó la crisis de la República, la de Mario y Sila, la de Catilina y, por supuesto, Cicerón. Pero hace unos cuantos años que los títulos de Saylor han desaparecido de las librerías y nuestros adolescentes de hoy, con sus muchas virtudes, no brillan precisamente por su constancia, así que he creído más apropiado encomendarles algún título que puedan encargar con mayor facilidad, La plata de Britania de Lindsey Davis, por ejemplo.

He dedicado estos últimos días a conocer al carismático detective Marco Didio Falco, protagonista de una serie que alcanza ya una veintena de títulos e incluso una guía oficial recién publicada. La trama entretiene y está bien construida, por más que el desenlace y sus giros sean más que previsibles. El protagonista tiene verdadero potencial y sólo en cierto modo participa del estereotipo del género, aunque esta lectora no acaba de entender el enamoramiento inicial por la víctima, Sosia Camillina. Last but not least, su autora sólo a veces comete un error frecuente en novelas ambientadas en una época tan lejana en el tiempo como la Antigua Roma, verse en la necesidad de explicar y describir más allá de lo que la trama precisa. Al fin y al cabo, una cosa es una novela y otra bien distinta una lección de Historia. Pero esta es tan sólo mi opinión. En unos meses estaré en condiciones de traerles por aquí el parecer de mis adolescentes, si consigo que la lean. Y, ahora, les dejo. Voy a preparar un examen.


miércoles, 27 de julio de 2011

LOS INFINITOS (JOHN BANVILLE)

“Comprendo vuestro escepticismo. ¿Por qué en tiempos como éstos iban los dioses a volver entre los hombres? Pero el hecho es que nunca os hemos abandonado; sólo que vosotros habéis dejado de tenernos en cuenta. Porque ¿cómo íbamos a desaparecer, nosotros que no podemos estar sino en todas partes? Simplemente dimos la impresión de que nos retirábamos, durante un decoroso intervalo, como diciendo que sabemos cuándo no se desea nuestra presencia.”

Los infinitos

John Banville

Decía hace unos meses Antonio Lozano en su crítica para el Qué Leer que Los infinitos se halla a mitad de camino entre el Banville más Banville, denso, espeso, barroco y difícil, y su negro heterónimo Benjamin Black, de prosa más austera, directa y desprovista de retórica. Y tiene razón. De hecho, esta lectora, que sudó con La carta de Newton, Imposturas y El mar, ha leído mejor que bien este vodevil de estructura clásica, evidentes resonancias plautinas y hasta deus ex machina final en el que Zeus, Hermes y el dios Pan juegan caprichosamente con la familia Goldley, reunida en su casa de la campiña inglesa en un día de verano para despedir al agonizante patriarca. Es cierto, sí, que las entradas y salidas se salpimentan aquí y allá de hondas y sesudas reflexiones sobre la infinitud, la posibilidad de otros mundos, la mortalidad y la alteridad pero el ritmo de la trama no se resiente en exceso y no resultan demasiado gravosas. Al fin y al cabo, una sabe quién es el autor del libro que tiene entre las manos y al igual que Zeus sigue siendo Zeus por más que adopte la figura de Anfitrión o de Adam Goldley Jr., y Hermes sigue siendo Hermes aunque se transfigure en Sosias, Banville sigue siendo Banville.