Y para seguir, aquí les dejo la crítica que de Cuando viví en la modernidad de Linda Grant pueden leer en el número del corriente mes de la ya citada revista.
domingo, 9 de octubre de 2011
CUANDO VIVÍ EN LA MODERNIDAD (LINDA GRANT)
sábado, 1 de octubre de 2011
INTERREGNO (XIV)
Varios son los motivos que me han mantenido alejada de esta esquina y de Vds. las dos últimas semanas y que me impedirán cuidar este lugar como es debido durante unos días más aún.
1) Para empezar, soy ahora mismo víctima de una gastroenteritis más que contundente –ya tradición en este valle burgalés que habito- que me ha dejado sin fuerzas para nada más que para luchar contra los calambres que asaltan la boca de mi estómago con más frecuencia de la que quisiera. ¡Ay!
2) Para seguir, ando también enfrascada en un nuevo compromiso para con los amigos de Qué Leer. Su título es Seaview, su autor es Toby Olson y podrán leer sobre ella en el número de noviembre. Es bastante prometedora, aunque no ando estos días con mucha energía para enfrentarme a sus quizá demasiado prolijas descripciones del tee, el green, el rough… ¿Se acuerdan del papel de las técnicas balleneras en el Moby Dick de Melville y de las eternas parrafadas de tema inmobiliario del Ford de Acción de Gracias? Pues en la metáfora de Olson A es el golf. Ya les diré lo que es B al acabar la novela, si lo averiguo.
3) And last but not least, algunos de Vds. ya saben que he creado un segundo blog para albergar una suerte de Diario de Lecturas de todo el personal educativo de este mi pueblo menés. Lo he bautizado como Bajo el diente del ahorcado en honor a la geografía local –nos hallamos al pie de dicho monte, más comúnmente conocido como Pico del Fraile- y andamos ahora en plena fase de lanzamiento de este, así como de un Bookcrossing a pequeña escala, inspirado por el de The Guardian a E., mi más que anglófila amiga y compañera de Inglés. El caso es que las dos nos estamos divirtiendo de lo lindo con esta actividad pero el tiempo vuela –ya lo decían los latinos- y termino cada jornada acordándome con nostalgia de Vds. y de esta, mi esquina preferida de Manhattan.
Así que, por favor, tengan paciencia y, sobre todo, no me olviden. Entretanto, si Vds. quieren, puedo recibirles aquí.
domingo, 18 de septiembre de 2011
EL LIBRO DEL CEMENTERIO (NEIL GAIMAN)
“Un tiempo para trabajar, un tiempo para disfrutar,
Y un tiempo para bailar el Macabré”
El libro del cementerio
Neil Gaiman
Dicen los manuales de crítica y teoría literaria que en el mundo son que, si un autor dedica unas palabras de su novela a describir la pistola que uno de los personajes guarda en el cajón de su cómoda, esta, la pistola, debe ser utilizada antes de que aquella, la novela, termine. En la misma línea abundan el principio de pertinencia enunciado por la Pragmática y la economía lingüística, por desgracia tan poco estimada hoy día. Lo que se dice, se dice con el objeto de satisfacer, al menos, alguna de las funciones del lenguaje enunciadas por Jakobson. En caso contrario, mejor es callar.
Neil Gaiman dispara todas sus pistolas antes de que se cierre El libro del cementerio, es cierto, pero lo hace demasiado pronto. Cada vez que se nos describe un auxiliar mágico –que diría Propp, ya que hoy nos hemos levantado teóricos- este se utiliza, como muy tarde, a la página siguiente, de suerte que el lector no consigue librarse del todo de la sensación de que lo llevan de andamio en andamio. Lo que quiero decir es que a las marionetas se les ven demasiado los hilos; que el ventrílocuo mueve demasiado los labios. Y es una pena, porque la historia, por más que haya sido contada ya antes unas cuantas veces –por J. K. Rowling y Patrick Rothfuss, sin ir más lejos; por Kipling en su El Libro de la selva, si hablamos de Literatura con mayúsculas-, entretiene y engancha y, pese a su previsibilidad -¿a alguien ha engañado el torpón y entrañable Señor Frost del último tercio de la novela?- una sigue adelante con la intención, si no de averiguar, sí de confirmar qué suerte le depara el Destino a ese desamparado y homérico huérfano llamado Nadie.
miércoles, 7 de septiembre de 2011
THE TRICK OF IT (MICHAEL FRAYN)
“After all, I’ve spent my entire career explaining to students that the inventedness of fiction is its sigh and glory. But that doesn’t mean it comes out of nowhere, made out of nothing. What inventors invent tells you something about the world they inhabit.”
The trick of it
Michael Frayn
Les anunciaba el otro día que este, The trick of it de Michael Frayn, sería el tema de mi próxima entrada y aquí estoy, como mujer de palabra que soy, pese a que la suspensión temporal de mi ADSL se empeña en contradecir su misma esencia, la de temporal, y persiste en hacerse perpetua.
Es esta, sin duda, una novela singular. Para empezar, por su forma, epistolar. Pero frente a lo que suele ocurrir, a la perspectiva de hitos como Paradero desconocido de Kressmann Taylor, que ya deberían haber leído Vds., o la lírica y encantadora 84, Charing Cross Road de Helene Hanff, esta es unidireccional. No hay respuesta a las un tanto solipsistas cartas que el protagonista y narrador envía desde Inglaterra rumbo a Melbourne. Miento, sí la hay; pero no se nos ofrece salvo soterrada entre las líneas de la siguiente carta de nuestro sufrido héroe, al que le cuesta bastante, por cierto, dejar de mirarse el ombligo. No son las respuestas lo único que se nos oculta. El nombre de la célebre escritora a la que el narrador ha dedicado toda su vida académica y de la que se ha enamorado desesperadamente, así como el de sus obras, aparecen siempre disfrazados bajo su inicial. Y según una va avanzando en esta peculiar historia de equívocos, elipsis y calladas por respuesta, descubre que este peculiar corresponsal no le anda demasiado a la zaga a muchos de los grandes narradores infidentes que en la Historia de la Literatura han sido. Metan Vds. en la coctelera al Herzog de Bellow con la sutileza del Stevens de Ishiguro y la simpatía de un antihéroe de Lodge… et voilà! El resultado es una comedia exquisita que, como todas las de Frayn, desprende también cierta desesperanza y melancolía.
lunes, 5 de septiembre de 2011
LA HERENCIA (NICHOLAS SHAKESPEARE)
“As a critic –as a reader- one does want to know what a writer’s up to, where he or she is off to next. One looks for consistency and organic growth, not drunken driving.”
The trick of it
Michael Frayn
Les mencionaba a Vds. brevemente el pasado mes de julio, creo recordar que en relación con mi formación ovetense-estructuralista, que La herencia era una novela muy mal construida, justo al contrario que el Stoner de Williams, cuyas virtudes ponderaba. Les emplazaba entonces al número del Qué Leer del ya corriente mes y, como lo prometido es deuda, aquí les dejo la pertinente crítica, encabezada por un muy escolar suspenso de septiembre. Sirva ésta de advertencia.
En cuanto a la ya característica cita de apertura, funciona hoy de más que oportuno argumento de autoridad para ratificar lo más abajo dicho, así como también de avance del tema de mi próxima entrada, que intentaré dejarles por aquí lo antes posible, Movistar mediante.



