Mostrando entradas con la etiqueta mary mccarthy. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta mary mccarthy. Mostrar todas las entradas

viernes, 11 de septiembre de 2009

THE GROVES OF ACADEME (MARY MCCARTHY)

Ya he dicho por aquí en más de una ocasión que, según creo, Mary McCarthy es una de las grandes novelistas americanas del pasado siglo. Pájaros de América, El grupo, Una vida encantada y Caníbales y misioneros son todas ellas novelas brillantes, profundas, serias y divertidas, a un tiempo cómicas y trágicas y, es cierto, un tanto intelectuales. Pues bien, he querido entretener los escasos ratos muertos de estos más que atareados primeros días de septiembre con la lectura de The groves of Academe, de la citada McCarthy, dedicada a las intrigas palaciegas que tanto abundan por los departamentos universitarios que en el mundo son y están. Un poco de sátira universitaria siempre viene bien para comenzar el curso, creo.

El héroe de la que aquí nos ocupa no es otro que Henry Mulcahy, un profesor de literatura inglesa que no termina de encajar del todo en el progresista college de Jocelyn y que en pleno delirio McCarthysta acaba de recibir la noticia de que su contrato no será renovado. Lo que sigue, por supuesto, es la cruzada emprendida por "Hen" para demostrar la injusticia contra él cometida. Alumnos y profesores se unen a él en un más que heterogéneo "maquis" -llamémoslo así- donde, como suele suceder, los motivos no siempre son nobles y los revolucionarios no siempre son héroes. Es más, ¿de verdad es "Hen" digno del sacrificio de sus compañeros? Ver veremos. El tiempo, como se suele decir, pone a cada uno en su sitio y las cosas casi nunca son lo que parecen a primera vista. O sí.

Pese a lo prometedor de la materia prima, sin embargo, The groves of Academe, que por cierto toma su título del verso de Horacio atque inter silvas academi quaerere verum ("y buscar la verdad entre los bosques de Academo"), no termina de despegar. Es cierto que yo llevo un par de semanas sin estar del todo a lo que celebro. Como "Hen", también yo me estoy jugando un contrato. Y es cierto también que el inglés de McCarthy se me ha atragantado en esta ocasión un tanto. Pero no lo es menos, o eso creo, que The groves of Academe no acaba de consolidarse como comedia ni como sátira; que en el ecuador de la novela McCarthy parece perder interés en la figura del héroe, precisamente cuando ya lo ha convertido en antihéroe y más interesante pasaba a ser, y lo abandona en favor de otros miembros del claustro; y que lo que debería ser una novela divertida termina por resultar un tanto pesada y repetitiva.


sábado, 18 de abril de 2009

CANNIBALS AND MISSIONARIES (MARY MCCARTHY)

"This society had two talismans: one moral and therefore hypocritical, honored by lip service, and the other material, honored in daily practice and most highly venerated in the form of works of art. In the interior of the Boeing, by one chance in a million, the pair coexisted, even if for the moment the art works were present only nominaly at a second remove."
Cannibals and missionaries
Mary McCarhy

Decía Paul Auster en su inconsistente y vacía Viajes por el Scriptorium que "si se quiere contar una historia con garra, no hay que tener compasión". Cierto es. Cuantas más inhibiciones morales coarten a un autor en la creación de sus personajes, menos vivos estarán estos, menos "auténticos" y "reales" serán. Una cosa es la vida y otra bien distinta la escritura. Lo que como lectores deberíamos buscar, aun más, exigir, es responsabilidad, compromiso e integridad narrativa -la otra no es, en principio, asunto nuestro- y la obra de Mary McCarthy (1912-1989) va bien servida de todo esto. Su ya legendaria afilada palabra y mala leche, que tan temible la hicieron entre el establishment cultural y la bohemia de su tiempo, se tradujeron en su obra en una incomparable agudeza y finura a la hora de crear y retratar a sus personajes, ya se tratara de jóvenes graduadas de Vassar -El grupo-, de pudientes y amargados bohemios de Nueva Inglaterra -Una vida encantada-, de un inocente y confundido joven lanzado al mundanal París en la vorágine de los '60 -Pájaros de América- o de los peculiares pasajeros del Boeing con destino a Irán secuestrado por un grupo de terroristas en Caníbales y misioneros -tristemente descatalogada en castellano-, de la que aquí nos ocupamos hoy.

Corren los primeros '70 y un grupo de bienpensantes y autocomplacientes occidentales se dispone a viajar a
Irán preocupados por las violaciones de los derechos humanos atribuidas al Shah y a SAVAK, su policía secreta. Forman parte de esta embajada un pastor protestante, su anciano obispo, una rectora de universidad, una joven y aguerrida periodista de guerra, un senador americano de edad madura, un sensato y carismático diputado holandés de la Izquierda, un profesor universitario de Oxford y un estrambótico orientalista, más que dado a la botella, que viaja acompañado de Sapphire, su nervioso gato persa -cómo no-. Y en su mismo avión, aunque en primera clase, viaja un grupo de millonarios tratantes de arte embarcados en un viaje turístico que debería llevarlos por diversas galerías y museos iraníes; debería, si no fuera porque Greet y Jeroen, una pareja de terroristas neerlandeses, tienen otros planes para nuestra heterogénea embajada y también -por qué no, si el destino los ha puesto en su camino- para el grupo de millonarios. Los planes de Greet y Jeroen y de sus cómplices palestinos y alemanes no son otros que secuestrar el avión, hacerse fuertes en un deshabitado polder holandés y exigir, a cambio de los rehenes, aquí un Vermeer, allí un Greco, acullá la salida de Holanda de la OTAN y la liberación en Israel de presos palestinos. Ni más ni menos.

Caníbales y misioneros, que toma su nombre del célebre desafío de lógica al que seguro se han enfrentado Vds. alguna que otra vez, es una brillante y redonda tragicomedia, o mejor aún, "comitragedia", si queremos hacer honor a la estructura del 'drama'. Es la comedia inteligente, desternillante y un tanto intelectual del secuestro del avión, en la que se nos regalan escenas grandiosas como la de Víctor velando el cadáver de su gato cual Antígona con Polinices, la de una tripulación tan-tan industriosa y profesional que se empeña en vacunar a un secuestrador contra el tétanos, o la de un grupo de rehenes aplaudiendo burlones las infructuosas búsquedas que deberían conducir a su rescate. Y es la tragedia -aun con pinceladas de humor- de la promiscua convivencia en el polder entre secuestradores y rehenes, de la difusa y escuálida línea que separa a inocentes y culpables, del doble rasero moral de Occidente, de la prevalencia de la ética sobre la estética, o al revés, de la inutilidad o supuesto valor moral del arte y, en suma, de las glorias y miserias del hombre.

Todo ello hace de Caníbales y misioneros una novela improbable -quiero creer que no imposible- en nuestros días. No sólo porque el 11-S haya convertido los secuestros aéreos en ingrediente prohibido de la comedia, sino por su valentía. Pues al tiempo que nos hace reír y disfrutar de su prosa punzante e irónica y muy, muy elegante, Mary McCarthy cuestiona y desafía convicciones firmemente enraizadas hasta el punto de que ya próxima al final de esta magnífica historia, una empieza a preguntarse quiénes son los caníbales y quiénes los misioneros.


sábado, 6 de septiembre de 2008

UNA VIDA ENCANTADA (MARY McCARTHY)

“Es una comunidad de casas de vidrio. Lo único que uno puede hacer es sentarse y observar. De vez en cuando, se presenta un alma a la que salvar.”
Una vida encantada
Mary McCarthy

Mary McCarthy fue una de las mayores prosistas estadounidenses del pasado siglo XX, que ya es decir. Valgan como botones de muestra de esta atrevida y tajante “obertura” sus espléndidas novelas El grupo y Pájaros de América, su autobiografía Memorias de una joven católica y la correspondencia que sostuvo con Hannah Arendt, editada bajo el título de Entre amigas. La agudeza, la cruda ironía, el sarcasmo, su ácida y afilada pluma, la precisión que tan temible la hicieron como crítica –el McCourt del Mercader de alfombras de Lopate, por ejemplo, la incluye entre la pandilla de “hijos de puta mentirosos y ególatras desalmados... hatajo de estirados” de la vieja Partisan Review- son cualidades sobresalientes de sus novelas. Pues, como muy bien dijo Paul Auster en sus Viajes por el Scriptorium –y esta cita es de lo poco rescatable de tal novela, por cierto-,
“si se quiere contar una historia con garra, no hay que tener compasión”.


Ninguna compasión tiene McCarthy con los habitantes de la New Leeds de Una vida encantada, una de esas artificiales y postizas colonias de bohemios y artistas que tanto contribuyeron a terminar con el espíritu de la Nueva Inglaterra de lugareños, pioneros, románticos y trascendentalistas –los Emerson y Thoreau- para convertirla en imagen de postal y artificioso souvenir. De hecho, los calificativos que el misántropo McCourt le dedicaba a la camarilla de McCarthy muy bien valdrían también -con honrosas excepciones, por supuesto- para las Marthas, Miles, Janes, Sandys y Pauls que con poco éxito buscan en New Leeds la vida encantada del título.

Todos ellos escriben, pintan, asisten a lecturas dramatizadas, discuten sobre Racine y Shakespeare, sobre Kierkegaard y Picasso, sobre Antígona y Hamlet... Solipsistas y ruines, hablan, hablan y hablan sin parar, sin apenas escuchar la réplica, tan sólo por el placer de oír el sonido de la propia voz aplastando al contrincante. Hasta la inteligente, discreta y noble Dolly y el timorato y rácano Warren tienen su momento de hybris y se ufanan de su capacidad oratoria y resolutiva en momentos en que lo más adecuado habría sido la compasión por el amigo que atraviesa un mal –muy mal- momento.

Es precisamente por medio de esos trepidantes e inteligentes diálogos, carentes de impostura y dotados de sorprendente naturalidad como Mary McCarthy caracteriza con maestría a todos y cada uno de sus personajes –que no son pocos-. Y el resultado, frente a lo que quizá pudiera esperarse, no es una de tantas divertidas y frívolas novelas sobre intelectuales cínicos y desencantados, sino -¡oh, sorpresa!- una magnífica, redonda y terrible tragedia a la griega, de desbordante ironía dramática, sobre la imposibilidad de escapar al propio destino, que, como dijo el enigmático Heráclito, no es sino el carácter de cada cual.

No se la pierdan.