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sábado, 25 de abril de 2015

EL ASESINATO DE MARGARET THATCHER (HILARY MANTEL)



Que Hilary Mantel se manejaba con maestría en las distancias largas lo sabíamos ya desde hace algún tiempo, desde que leímos En la corte del lobo y Una reina en el estrado, primera y segunda entrega respectivamente de la trilogía que, no hay duda, nos legará el retrato definitivo de Cromwell. Si entonces apreciábamos ya, entre otras muchas virtudes, el manejo del tempo narrativo y la plasticidad y precisión de las imágenes, de nuevo volvemos a hacerlo, a propósito, en esta ocasión, de esta colección de relatos.
Crónica dislocada de peripecias trilladas, perversas, absurdas o incluso sobrenaturales, nunca banales, todos los relatos que conforman esta colección tienen momentos brillantes, ya se trate de la descripción al ralentí de un homicidio involuntario en “El QT largo”, del desasosegante uso metafórico de los signos de puntuación en “La coma” o el magnífico diálogo que conforma el relato epónimo entre un aspirante a asesino y su cómplice ¿involuntaria? Si a ello añadimos una ironía acerada como pocas, digna émula de Muriel Spark, como ha señalado la crítica, el resultado es, cómo no, inmejorable y, por supuesto, digno de ser leído. Así que ya saben, lean, lean.


domingo, 10 de marzo de 2013

HISTORIAS DE TERRAMAR (URSULA K. LE GUIN)



A estas alturas de la partida -o de curso, más bien- empieza a parecer imposible lograr cualquier tipo de continuidad en esta esquina y poder empezar un post cualquiera sin disculparme. El caso es..., ya estoy otra vez, que sigo leyendo. Simplemente no tengo tiempo para contárselo. He pasado las últimas dos semanas, de hecho, devorando la magnífica Una reina en el estrado de Hilary Mantel, secuela de En la corte del lobo, sobre la que podrán leer en el número del inminente mes de abril de Qué Leer. Por cierto que ya está disponible en la web de esta revista el artículo que una servidora firmó sobre Una vacante imprevista de J. K. Rowling, que, si no recuerdo mal, no les había traído aún. Aquí les dejo el enlace junto con la recomendación de que se dediquen a Mantel, antes que a Rowling, si les da por las damas inglesas.

Centrémonos, sin embargo, en otra dama de las letras inglesas, americana en este caso, a la que llego, por desgracia, demasiado tarde: Ursula K. Le Guin y las dos primeras entregas de sus Historias de Terramar (Un mago de Terramar y Las Tumbas de Atuan). Demasiado tarde, sí, porque uno debería penetrar en su mundo acuático, misterioso y místico de hechiceros, sacerdotisas, dragones y lenguas primigenias cuando aún no ha perdido del todo la inocencia como lector y es capaz de seguir adelante en la trama dejando a un lado las taras de su narrativa. Por ejemplo, su esquematismo. No me malinterpreten. Saben Vds. de sobra que soy acérrima defensora de la sencillez y recordarán probablemente lo que opiné en su momento de la plomiza y más que cargante El nombre del viento de Patrick Rothfuss. 


Sin embargo, Un mago de Terramar y, sobre todo, Las Tumbas de Atuan habrían necesitado un desarrollo mayor. Resultan planas y se resuelven de manera apresurada. Es más, Las Tumbas de Atuan resuelve el conflicto casi al mismo tiempo que lo plantea, en el último tercio de la novela, coincidiendo con la aparición de Ged, un viejo conocido. Hasta entonces lo único que se nos presenta son páginas y páginas de ritos y ceremonias y, lo que es peor, de oscura geografía laberíntica: dos recodos a la izquierda, primera bifurcación a la derecha...  que esta lectora reconoce haber leído por compromiso y sin prestar demasiada atención. 

La entrega inaugural, sin embargo, goza de todos los ingredientes para ser objeto de una lectura ágil -y no demasiado crítica-, una lectura adolescente, vaya. Así que yo se lo recomendaré a mis benjamines letraheridos, fanáticos todos ellos de Laura Memorias de Idhun Gallego y de George R. Juego de Tronos Martin. Puede, incluso, que deje mi ejemplar de Historias de Terramar en algún rincón del valle como parte de nuestro Bookcrossing particular. A ver si hay suerte y se hace con él alguien más joven. A mí me ha llegado demasiado tarde.

sábado, 11 de junio de 2011

EN LA CORTE DEL LOBO (HILARY MANTEL)

En plenas fiestas menesas y recuperándome aún de una crisis doméstica que, sin caer en la exageración, muy bien puede calificarse de naufragio, hago una parada por aquí para dejarles, por fin, la crítica que en el Qué Leer del corriente mes pueden encontrar sobre la muy lupina novela de Mantel:

“En la corte del lobo”

Autora: Hilary Mantel

Traductor: José Manuel Álvarez Flórez

Editorial: Destino

752 páginas. 22’50 euros

[Cuatro tinteros]

Escaso es el papel que los Seymour de Wolf Hall desempeñan en esta historia, a cuyo cierre Ana Bolena se mantiene aún como reina consorte y, lo que es más importante, con la cabeza sobre los hombros. Que tal sede preste su nombre a la novela de Mantel resulta, sin embargo, de lo más adecuado; no porque Jane Seymour terminara convirtiéndose con el tiempo en la tercera esposa de Enrique viii –esa, a fin de cuentas, es otra historia, ajena al momento de esta narración-, sino porque muchas fueron las dentelladas en la corte del monarca inglés que añadió un cisma a la Reforma. Y es que homo homini lupus, ‘el hombre es un lobo para el hombre’. Lo escribió Plauto entre los s. iii y ii a. C., lo popularizó Thomas Hobbes en el xvii y se repite hasta decir basta en esta inmensa novela histórica acerca del cruento choque entre dos titanes, el poder temporal y el espiritual, que se cobró por aquí alguna que otra alianza y una excomunión, por allí un par de importantes cabezas.

Ad maiorem gloriam no de Dios, sino del rey y, sobre todo, propia, gestiona la nada soterrada guerra Thomas Cromwell. Cicerón del xvi, aventajado estudioso de El Príncipe de Maquiavelo, paradigma de homo novus y del self made man, sucesivamente víctima de su brutal padre, mercenario al servicio de Francia, abogado leal de un obispo caído en desgracia, imprescindible factótum de un rey voluble y violento y, pese a todo lo anterior, muy humano, Cromwell es el protagonista absoluto de esta historia, también en lo formal. Él es, en efecto, “Él”, la tercera persona elegida por Mantel no para contar pero sí para analizar y “sentir” los hechos en discretos monólogos interiores, que no consiguen violentar la apariencia de asepsia de una narración clásica y muy decimonónica. Por esto mismo y también por su exhaustividad, su minuciosidad, su rigor, su nervio y su inevitable distanciamiento evidencia En la corte del lobo su raigambre inglesa y puede considerarse digna ganadora del Booker de 2009, incluso ante galgos como Verano de J. M. Coetzee y El libro de los niños de A. S. Byatt.