Tres
semanas de sangre, sudor y lágrimas es lo que me ha llevado transitar por los
desolados páramos de Los pájaros
amarillos, roman à clef de Kevin
Powers, pese a su brevedad; no por falta de talento de su autor, ¡al contrario!,
ni porque las exigencias de comienzo de curso se hayan llevado casi todo mi
tiempo, que también. Sucede, más bien, que la brutalidad de los hechos
narrados, el descenso a los infiernos de la guerra de Irak del soldado Bartle,
y las exigencias de una prosa preñada de metáforas tan audaces como hermosas no
conceden ni una pequeña tregua. La guerra, ciertamente, nada tiene que ver con
el juego de niños que prefiguran los soldaditos de la elegante portada de la edición
de Sexto Piso y que, no hay duda, es el erróneo punto de partida de muchos
reclutas, sino que se cobra muy elevados peajes: la libertad, la cordura, la
vida... Los pájaros amarillos es el
honesto y sincero relato del caos, el azar, la culpa sin redención y poco más
es lo que puedo decir para invitarles a que, si se atreven, lean, lean...
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sábado, 27 de septiembre de 2014
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